Los estudios del sistema neuronal especular podrían ayudar a determinar las causas del autismo. Los niños autistas tienen dificultades con la interacción social. Quizá sea porque su sistema de neuronas espejo no funciona correctamente. A finales del decenio de los noventa se comenzó a investigar la posible conexión entre autismo y neuronas espejo, una clase recién descubierta de células nerviosas del cerebro. La probada participación de esas neuronas en facultades como la empatía y la percepción de las intenciones ajenas sustentaban la hipótesis de que algunos de los síntomas del autismo obedecieran a una disfunción del sistema neuronal especular. Quizás en próximos estudios se explique cómo aparece el autismo.
1. Los sintomas
Aunque los principales signos distintivos del autismo sean el aislamiento social, la huida del contacto visual, la pobreza de lenguaje y la ausencia de empatía, se dan también otros síntomas menos conocidos: uno muy corriente es la dificultad en comprender metáforas; los autistas las interpretan a veces de forma literal. Para explicar el autismo
se han propuesto dos clases de teorías: anatómicas y psicológicas. Los daños que produce un ictus en un cerebelo infantil suelen manifestarse por temblores, pasos vacilantes y movimientos oculares anormales, síntomas muy raros en un autista. Posiblemente las alteraciones del cerebelo observadas en niños autistas se deban a efectos laterales inconexos de genes mutantes cuyos otros efectos sean las verdaderas causas del trastorno. La principal anomalía del autismo consiste en no poder elaborar una “teoría de las mentes ajenas”. En los años noventa, investigaron la actividad neuronal en el cerebro de macacos, mientras los simios realizaban acciones dirigidas a un objetivo. Hace tiempo que se sabía que ciertas neuronas de la corteza premotora —parte del lóbulo frontal del cerebro— intervenían en el control de los movimientos voluntarios. Suelen llamarse neuronas de control motor. Un subgrupo de estas neuronas también se activaba cuando el macaco veía realizar esas acciones. Se demostró luego, por medio de técnicas de formación de imágenes, la existencia de neuronas espejo en las regiones correspondientes de la corteza cerebral humana. Estas neuronas además de enviar órdenes motoras simulaban mentalmente las intenciones de otros individuos. La investigación posterior demostró que había neuronas espejo en otras partes del cerebro humano (las cortezas cingulada e insular), que intervienen presumiblemente en las respuestas emocionales propias de la empatía. Las neuronas espejo podrían intervenir, asimismo, en la imitación, facultad que los primates poseen en un grado rudimentario y alcanza su pleno desarrollo en los humanos. El cerebro del niño cuenta con un mecanismo de conexiones prefijadas que elabora un mapa de los gestos que realizan las personas—ya sea sacar la lengua o sonreír— en las neuronas de control motor. Para imitar palabras que pronuncia la madre o el padre, el cerebro del niño debe transformar las señales percibidas en los centros de audición de los lóbulos temporales del cerebro en formas verbales que emite la corteza motora. Se desconoce todavía si las neuronas espejo participan directamente en ello, pero está claro que ocurre algún proceso análogo.
1.1. Supresión de las ondas mu y otras investigaciones
Al final de los noventa, el grupo de investigación advirtió que las neuronas espejo realizaban las mismas funciones que parecen desarboladas en el autismo. Si el sistema neuronal especular interviene de veras en la interpretación de intenciones complejas, una rotura de esos circuitos neuronales explicaría el déficit más llamativo en el autismo: la carencia de facultades sociales. Los demás signos distintivos de la enfermedad —ausencia de empatía, trastornos del lenguaje e imitación deficiente, entre otros— coinciden con los que cabría esperar en caso de disfunción en las neuronas espejo. Para demostrar que los niños con autismo sufrían disfunción en las neuronas espejo decidieron centrar los primeros experimentos en un niño autista de alto funcionamiento, es decir, que no presentara deficiencias cognitivas graves. El EEG demostró que en el cerebro del paciente se observaba una onda mu, que se suprimía cuando ejecutaba un movimiento voluntario sencillo, igual que sucedía en un niño normal. Pero cuando el niño autista veía realizar esa acción a otro no se producía la supresión, al contrario que en los niños normales. Dedujeron, en coherencia, que su sistema de control motor permanecía intacto y era deficiente su sistema neuronal especular. Esto se comprobó con más sujetos. En posteriores investigaciones se encontraron déficits de neuronas espejo en niños autistas, gracias al uso de la magnetoencefalografía. Se observó, gracias al uso de imágenes de resonancia magnética, una reducción de la actividad de las neuronas espejo en la corteza prefrontal de individuos autistas. También se ha recurrido a la estimulación magnética transcraneal, una técnica que induce corrientes eléctricas en la corteza motora para generar movimientos musculares, con miras a estudiar la actividad neuronal especular en afectados de autismo. Además de explicar los signos distintivos de autismo, los fallos del sistema neuronal especular dan cuenta de síntomas menos conocidos. Aunque sólo se manifiesta en algunos niños autistas, estos pueden tener problemas al interpretar refranes y metáforas, dificultad que reclama explicación. En línea con esa conjetura, descubrieron que los niños con autismo fallan en la prueba buba/kiki; emparejan formas y sonidos de modo erróneo. Cuando estudiaron sujetos no autistas con lesión en ese área del cerebro, vieron que muchos de ellos fallaban en la prueba buba/ kiki. Mostraban, además, una dificultad excesiva en la comprensión de metáforas, igual que los que padecen autismo.
2. Soluciones posibles a investigar
El descubrimiento de deficiencias en las neuronas espejo de las personas con autismo abre nuevas vías para la diagnosis y el tratamiento de este trastorno. Se podría utilizar la no supresión de la onda mu para detectar el autismo en la primera infancia, y así poder actuar antes y con mayor eficacia. Una posibilidad aún más tentadora consistiría en utilizar una realimentación biológica para tratar el autismo o al menos suavizar sus síntomas. Bajo riguroso control médico, se presentarían en pantalla ante un niño autista las ondas mu de su EEG.
Otro enfoque terapéutico novedoso se apoyaría en la corrección de los desequilibrios químicos que incapacitan las neuronas espejo de los autistas, mediante neuromoduladores. De acuerdo con esta hipótesis, el agotamiento parcial de tales sustancias explicaría la carencia de empatía emocional propia del autismo. Se deberían buscar sustancias que estimularan la emisión de neuromoduladores, como el éxtasis. Pero estos tratamientos no aliviarían el resto de síntomas del autismo, por lo que brindarían sólo un alivio parcial.
2.1. Teoría del paisaje resaltado
Con el fin de explicar algunos síntomas secundarios del autismo —hipersensibilidad, huida del contacto visual o aversión a ciertos sonidos— se ha elaborado la teoría del paisaje resaltado. En un niño corriente, la información sensorial se retransmite a la amígdala, puerta de acceso al sistema límbico regulador de las emociones. Con base en los conocimientos almacenados, la amígdala determina cómo debe el niño responder emocionalmente a cada estímulo; crea así un mapa “topográfico” mental del entorno. Si el niño es autista, en cambio, las conexiones entre las áreas sensoriales y la amígdala pueden estar alteradas; ello ocasiona respuestas emocionales extremas a sucesos y objetos triviales. Esta hipótesis explicaría que los niños con autismo eludan el contacto visual y cualquier otra sensación nueva que pueda trastornar su mente, también que se obstinen por tonterías como los horarios de los trenes, y muestren nulo interés por cosas que entusiasman a la mayoría. Encontraron apoyo a su tesis al observar las respuestas reflejas en un grupo de 37 niños afectados de autismo. Y lo mismo que el autismo, el riesgo de epilepsia del lóbulo temporal en niños parece condicionado por factores genéticos y ambientales. Y esta epilepsia pudo ser la causante del desorden de las conexiones entre la corteza visual y la amígdala. Sus hallazgos sobre las respuestas reflejas podrían ayudar a interpretar una vieja observación clínica: en ocasiones, una fiebre alta alivia de forma transitoria los síntomas de autismo. El sistema nervioso reflejo participa en el control de la temperatura corporal; al ser unas mismas vías neuronales las que regulan fiebre y trastornos emocionales del autismo, quizás el acceso febril mitigue las alteraciones citadas. La teoría del paisaje resaltado podría aportar una explicación sobre las estereotipias motoras y los cabezazos de los niños con autismo; esta conducta de autoestimulación podría amortiguar las tormentas del sistema reflejo en tales sujetos. Ello sugiere una posible terapia sintomática del autismo. No hay contradicción entre las dos teorías explicativas de los síntomas del autismo: disfunción de las neuronas espejo y distorsión del mapa topográfico mental (teoría del paisaje resaltado). El mismo suceso que distorsiona la topografía mental de un niño (mediante la alteración de las conexiones entre el sistema límbico y el resto del cerebro) podría lesionar también las neuronas espejo.
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Ahora vamos con algo más alegre, para que os deje un buen sabor de boca, una canción para la igualdad, aunque creo que habra muy pocos que la entiendan. De todas formas quedaros con el ritmo. Es pegadizo. Saludos. Espero que en un futuro cercano entendamos a los autistas. La canción es Umbrella.













11.08.07 @ 13:09